viernes, 18 de diciembre de 2009

El retorno del Sori

El martes tocó el día del regreso para España. Después de todo el día de despedir a la gente y de ultimar la maleta se acercaba el final.

A las 11 y media de la noche tenía que coger el último autobús que iba hasta el centro de Galway, pero antes de eso había que echar la última pinta en Irlanda. Después de cenar me fui con Eloy al bar que había al lado de casa y me tomé mi última Guinness en este verde país. Pero no podía irme sin haber probado también el whisky irlandés, así que después de la cerveza, me tomé un vaso de Jameson. Después de tomarlo, como aún sobraba algo de tiempo, aún me tomé otro.

Ya estaba a punto de ir a coger el autobús, cuando apareció Alexis para darme el último abrazo y despedirnos. Fue un bonito detalle. Después de eso fui al centro de Galway a coger el autobús que va a Dublín. Eloy se empeñó en venir conmigo a pesar de que tendría que volver andando con el frío que hacía, pero ya había acabado los exámenes y le quedaba una semana de fiesta. Cuando me despedí de él, me metí en el autobús e intenté dormir, aunque no suelo conseguirlo cuando viajo.

Llegué al aeropuerto cargado con mis dos maletas y me puse en la cola para facturar. En casa ya las había pesado y la maleta grande pesaba 21 kg y la maleta de mano 15. Los pesos máximos permitidos en Aer Lingus son 20 y 10 kg respectivamente, así que iba un poco acongojado por lo que pudiese pasar. Normalmente no pesan en ningún sitio la maleta de mano, pero en este caso veía como a todos se la pesaban, así que me entraron los sudores fríos ya que no quería facturar la maleta de mano llevando el portátil allí.

Tocó mi turno y la maleta grande pesó 20.8 kg. Por suerte no tuve que pagar sobrepeso gracias a esos 200 gr que pesaba de menos la báscula. Después me hizo poner la maleta de mano en la báscula y pesó 15 kg. Parecía que le iba a poner la etiqueta y a no decir nada, pero en el último momento me dijo que pesaba demasiado y que no la podía llevar. Por un momento me quedé petrificado. Al segundo le dije que tenía cosas para tirar y que la iba a bajar de peso, a ver si así me daba el billete y me podía ir de allí. Podía haber ocurrido, en Irlanda te sueles encontrar sorpresas así ya que se fían demasiado de todo el mundo. Pero no hubo suerte, me dijo que cuando la bajase de peso volviera a por mi ticket. Me fui a una esquina donde no me veía nadie y empecé a bajarla de peso, pero no a tirar cosas. Me puse el forro polar, y por suerte tiene unos bolsillos enormes. Metí el disco duro, cables, la cámara de fotos y un vaso de Guinness. Volví a pesar la maleta en una cinta de embarque que no estaban usando y aún pesaba 11 kg, tenía que conseguir bajarla un poco más. Dejé el trípode allí esperando que nadie lo cogiese y por fin había bajado de los 11 kg, esperaba que fuese suficiente. Volví directamente al hombre del mostrador abultando el doble de lo que abultaba la primera vez, pero gracias a que soy bajito no se notaba demasiado. Había una pareja que habían elegido mal el número de maletas al comprar el billete, además tenían muchísimo sobrepeso en el equipaje, así que tardaron alrededor de 5 minutos. Ya estaba nerviosísimo, ya que la gente de la cola me miraba con todos los bultos que sobresalían de mi cuerpo. Por fin se fue la pareja y puse la maleta en la báscula. Pesó 10.6 kg, pero me dijo que ya estaba bien, me dio el billete y me fui de allí corriendo. Me volví a ir a la esquina y por suerte aún estaba el trípode, así que volvía meter en la maleta todo lo que había sacado.

Ya fui a la puerta de embarque y tras esperar las 2 horas reglamentarias comenzó a entrar gente. Miraban demasiado las maletas, pero por suerte sólo lo que abultaban, no lo que pesaban. A las personas que excedían las medidas les hacían dejar las maletas para meterlas con el resto del equipaje. Por suerte mi maleta cumplía las medidas a pesar de exceder el peso permitido en un 50%.

Entré al avión y después de pasar el vuelo dormitando, aunque despertándome cada poco rato por fin llegué a Madrid. Los alrededores de la ciudad se veían todos nevados, aunque en la ciudad no había nada. Siempre hay demasiado calor y tráfico en el interior y no suele cuajar.

Lo primero que hice después de recoger mi maleta fue ir a Atocha a ver a Josemi, ya que daba la casualidad que en esos momentos iba a Zaragoza. Tardé más de lo que esperaba, pero tras dos trasbordos de metro conseguí llegar para tomarme un café con él, no sin llegar sudando. Cuando se marchó busqué unas taquillas para poder dejar las maletas e irme en mi afán turístico por Madrid.

Empecé visitando el parque del retiro ya que está justo a la salida de Atocha. Continué por puerta de Alcalá, puerta del Sol, todo el centro, Plaza Mayor, palacio Real y templo de Debod. Ya era hora de comer y estaba reventado, así que volví hacia Atocha y comí en uno de los pocos sitios que encontré. Era un poco cutre, pero no encontré nada más por allí. Mi primera comida en España después de 3 meses y medio fue un plato combinado de huevos fritos, patatas y lomo. Nada especial y que no hubiese en Irlanda, pero aquí sabe mejor.

Después de comer cogí la maleta y quedé un rato con Lara, una chica que conocí este verano en Worthing. Nos tomamos un café y charlamos un rato de todos estos meses.

Al acabar por fin pude ir a casa de Antonio y descansar un poco. Estaba que me moría de sueño, pero estuvimos hablando, cenamos y vimos una película. Me dormí bastante rápido, el cansancio era insoportable ya.

Al día siguiente Antonio se fue a trabajar y me quedé descansando un rato más. A mitad de mañana decidí que ya era hora de salir. Me apetecía mucho ir a ver los nuevos rascacielos de la ciudad. Es lo que tiene ser ingeniero, a uno le gustan estas cosas. No estaba excesivamente lejos para ir andando, aunque al ser edificios tan altos, empiezas a andar y eso no acaba nunca. Hice montones de fotos rodeándolos por todos los sitios y cuando acabé me fui a comer con mi tío Javier y mi tía Graciela, que está embarazada de gemelos, así que en marzo tendré otros dos primos, de los que podría ser su tío o incluso su padre debido a la diferencia de edad.

No pude quedar con nadie más de los que viven por Madrid, así que me fui a casa de Antonio a leer algo del proyecto para la reunión que tendré en menos de dos horas.

Cuando llegó Antonio estuvimos hablando un rato, me deleitó tocando el piano y nos fuimos a cenar. Al acabar pusimos una serie en Blue Ray, y es impresionante la calidad que aporta sobre todo viéndolo en una buena pantalla de 40 pulgadas.

Otra vez a dormir ya que había que madrugar para coger el AVE y volver a Zaragoza.

Hoy me he levantado a las 6:30 y me he ido a Atocha, he cogido la maleta y me he metido en el tren. Es la primera vez que iba en el AVE y la primera vez que viajo a 300 km/h por tierra, ya que por aire esa velocidad es mucho mayor.

Y aquí me encuentro sentado viendo los últimos restos de nieve que quedan de la nevada de ayer, aunque poco más va a durar. Estamos por encima de 0º y hace sol.

En breves momentos llegaré a mi querida Zaragoza y después de llegar a casa, saludar a mis padres y darme una ducha, tendré que ir al CPS, mi no querida universidad para una reunión. Es apasionante lo primero que tengo que hacer nada más llegar.

Si habéis conseguido leer hasta aquí. ¡Un saludo!

Aunque veáis que actualizo ahora lo he escrito en el AVE, lo que pasa que no hay internet y no lo he podido colgar.

Por cierto, si me leéis podíais hacer un esfuerzo y haceos mis seguidores, que no cuesta nada darle al botón.

1 comentario:

  1. Menudo viaje! 15 kg compactados en 10... tus sospechas eran ciertas, ya ibas acojonado y te acojonaron. Pero no sabían con quien se metían, con un ingeniero del CPS. Ya estamos acostumbrados a q nos puteen.
    Me alegro que hayas llegado sano y salvo.
    Talue Sísar nsalada!

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